Educación Lorenzo Guadamuz - Nuevo MOdelo Educativo

¿POR QUE ES INDISPENSABLE UN NUEVO MODELO EDUCATIVO?

¿Qué es lo esencial que todo ser humano deberá saber, saber hacer y saber ser en una sociedad donde la información será prácticamente ilimitada

Artículo 1 de 2.

¿DEBEREMOS EN EL PRESENTE EDUCAR PARA PARA VIVIR EN LA INCERTIDUMBRE DEL MAÑANA.? .

Lorenzo Guadamuz Sandoval

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En una entrega anterior propuse un Decálogo para una Nueva Educación , el cual no podemos verlo como una estructura rígida de transformación educativa, sino como la construcción de un pensamiento sobre la educación necesaria para futuros inciertos, cambiantes y crecientemente determinados por la IA, las nuevas tecnologías , los avances de las ciencias y la realidad de nuevas formas de mercado y economía. Ello me lleva a una pregunta crucial:

1- ¿DEBEREMOS EN EL PRESENTE EDUCAR PARA PARA VIVIR EN LA INCERTIDUMBRE DEL MAÑANA.?.

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¿Qué es lo esencial que todo ser humano deberá saber, saber hacer y saber ser en una sociedad donde la información será prácticamente ilimitada y la inteligencia artificial podrá realizar una parte creciente de las tareas cognitivas? qué capacidades profundamente humanas deberá cultivar la nueva educación que no deberían delegarse a la IA.

En el futuro las personas deberán :

a- aprender a sobrevivir en un mundo donde disminuirán los empleos, los ingresos para cubrir las necesidades básicas y donde la empleabilidad es inciertas;

b- donde aumenta la inseguridad ciudadana;

c- donde habrá más tiempo libre; donde en la mayoría de América se invertirá la pirámide demográfica;

d- donde las energías se renovarán; donde las tecnologías se multiplicarán y cambiarán radicalmente con respecto a las de 2026;

e- donde el ser humano tendrá que re-inventarse; donde lo aprendido no le servirá de mucho pues los conocimientos y habilidades cambian; donde vivir será toda una nueva aventura, pero donde los instintos acumulados en la evolución del hombre le serán útiles para crear nuevos instintos para el siglo XXII

Deberemos en el presente educar para para vivir en la incertidumbre del mañana..

2- QUÉ DEBERÁ SABER EL SER HUMANO DEL FUTURO?.

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Durante buena parte de los siglos XIX y XX, la educación estuvo construida sobre una secuencia relativamente previsible:

• estudiar → adquirir una profesión → conseguir empleo → obtener ingresos → formar una familia → jubilarse.

El sistema educativo tenía sentido dentro de esa estructura social. Se suponía que una parte considerable de lo aprendido durante la juventud tendría utilidad durante décadas.

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Pero la hipótesis que estamos construyendo es distinta.

• El niño que hoy ingresa a la escuela probablemente vivirá una parte importante de su vida en la segunda mitad del siglo XXI y algunos llegarán al siglo XXII. Pretender determinar hoy exactamente cuáles conocimientos profesionales necesitarán esas personas sería casi imposible.

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Por ello, es necesario preguntarnos no solamente:¿Qué deberá saber el ser humano del futuro?, sino: ¿qué capacidades deberá desarrollar para poder vivir, adaptarse, crear, convivir y encontrar sentido a su existencia cuando una parte importante de aquello que hoy consideramos estable haya dejado de serlo?

Ahí cambia radicalmente el propósito educativo.

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Yo he hablado varias veces de educar para sobrevivir, pero no se debe interpretaría sobrevivir únicamente en su sentido material. Lo veo en por lo menos cuatro dimensiones simultáneas.

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i- Sobrevivencia económica. Si el empleo tradicional disminuye, se fragmenta o cambia continuamente, una persona deberá aprender a generar valor de múltiples maneras. Quizá tendrá varias ocupaciones sucesivas —o simultáneas— y períodos en los que el trabajo remunerado no sea el centro de su existencia.

ii- Sobrevivencia social. Sociedades envejecidas, migraciones, nuevas estructuras familiares, inseguridad, desigualdad y comunidades transformadas digitalmente exigirán nuevas formas de convivencia, solidaridad y protección colectiva.

iii- Sobrevivencia tecnológica. Ya no bastará con “aprender informática”. Habrá que aprender a vivir en simbiosis con tecnologías que cambian constantemente: IA, robots, agentes autónomos, biotecnología y otras que todavía ni siquiera conocemos.

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iv- Sobrevivencia interior. Esta podría resultar tan importante como las anteriores. Si disponemos de más tiempo libre y el trabajo deja de proporcionar identidad, rutina, reconocimiento social y propósito, millones de personas tendrán que responder una pregunta para la cual la escuela prácticamente nunca las preparó: ¿Qué hago con mi vida cuando mi profesión ya no define quién soy?

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3- QUÉ HAGO CON MI VIDA CUANDO MI PROFESIÓN YA NO DEFINE QUIÉN SOY?

Esto introduce en nuestro modelo educativo cuestiones como propósito, creatividad, relaciones humanas, cultura, contemplación, participación comunitaria, actividad física, curiosidad y capacidad de disfrutar productivamente del tiempo.

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Biológicamente no podemos esperar que aparezcan nuevos instintos humanos en unas pocas generaciones. La evolución genética trabaja en escalas mucho más largas. Pero cultural y educativamente sí podemos construir respuestas que lleguen a funcionar casi como una “segunda naturaleza”.

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El ser humano heredó capacidades ancestrales para detectar amenazas, cooperar, competir, explorar, proteger a sus descendientes, aprender de otros y adaptarse.

La educación del futuro tendría que convertir algunas capacidades nuevas en hábitos profundamente incorporados:

– aprender → desaprender → reaprender;

– detectar cambios → interpretarlos → adaptarse;

– distinguir información de conocimiento y manipulación;

. colaborar con inteligencias humanas y artificiales;

– crear cuando las respuestas conocidas dejan de funcionar;

– vivir períodos de incertidumbre sin quedar paralizado;

– reinventar su actividad productiva varias veces durante la vida;

– conservar autonomía frente a tecnologías extraordinariamente persuasivas;

– construir propósito incluso cuando el trabajo deje de proporcionarlo.

Deberíamos hablar de los instintos culturales para la supervivencia humana en el siglo XXII. Capacidades aprendidas tan profundamente que permitan al individuo responder con autonomía, adaptabilidad, creatividad y sentido humano ante situaciones que nunca antes había enfrentado.

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4- CAMBIO RADICAL EN EL CURRÍCULO.

Lo anterior cambia también nuestro concepto de “currículo”

Y entonces tenemos una conexión importante con aquello que he venido expresando en videoconferencias y artículos en estas páginas de Facebook, sobre reducir asignaturas y contenidos.

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Si aceptamos esta visión, el currículo no puede seguir intentando almacenar anticipadamente en el cerebro del niño, o del joven o del adulto todo aquello que supuestamente necesitará durante su vida. Sería una batalla perdida. La abundancia de información y la IA hacen todavía menos razonable ese modelo.

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El nuevo currículo tendría que proporcionar un núcleo reducido de conocimientos esenciales —lenguaje y comprensión profunda, matemáticas fundamentales, ciencia, tecnología e IA, comprensión de la sociedad y del planeta— y dedicar una proporción mucho mayor del tiempo educativo a desarrollar capacidades para aprender, pensar, discernir, crear, resolver, colaborar, adaptarse y reconstruirse.

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Y entonces aparece una formulación que ha motivado varios de mis artículos: La gran misión de la educación del futuro no será preparar al ser humano para un mundo determinado, sino prepararlo para vivir en mundos que todavía no podemos determinar.

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Eso, a mi juicio, empieza a acercarnos mucho más al verdadero Centro de Gravedad Intelectual del Decálogo que estamos construyendo.

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5- LAS MENTES DEL FUTURO.

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Howard Gardner ha escrito sobre las mentes necesarias para el futuro. Gardner resulta muy útil como punto de partida, pero quizás para nuestra realidad no baste su valioso pensamiento , debemos preguntarnos no solamente qué tipos de mente necesitaremos, sino cómo preparar un cerebro biológicamente antiguo para desenvolverse en ambientes que cambian a velocidades históricamente inéditas.

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El cerebro cambia; pero no al ritmo de la tecnología. Aquí conviene separar tres velocidades.

A- La evolución biológica del cerebro humano ocurre en escalas enormemente largas. No tendremos en 2050 o 2100 un cerebro biológicamente nuevo porque hayan aparecido la IA, los robots o la realidad extendida.

B- La transformación tecnológica, en cambio, puede producirse en años e incluso meses. Pensemos solamente en la distancia entre el Internet de mediados de los noventa, el teléfono inteligente, las redes sociales y la IA generativa y agéntica actual.

C- Pero entre ambas existe una tercera capacidad extraordinariamente importante: la plasticidad cerebral (neuroplasticidad) y, con ella, la capacidad humana de aprender y reorganizar respuestas frente a experiencias y ambientes nuevos.

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Ahí puede encontrarse una de las bases científicas más interesantes de nuestra propuesta de un nuevo modelo educativo.

No necesitamos esperar a que la evolución produzca un Homo sapiens diferente. Podemos educar al cerebro existente para responder mejor ante ambientes diferentes.

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Y claro, todo en educación merece tener en cuenta la precaución. Es decir:el cerebro plástico puede ser educado por la escuela, pero también puede ser “educado” por TikTok, los videojuegos, los algoritmos y la IA. Y esos dos educadores pueden perseguir objetivos completamente diferentes.

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Aquí aparece, para mí, una responsabilidad inédita de la educación del futuro.Deberíamos educar deliberadamente para la adaptabilidad.

.6- APRENDER A ADAPTARSE.

Hasta ahora hemos hablado mucho de aprender a aprender. Quizás sea insuficiente. Debemos explorar un concepto más amplio: Aprender a adaptarse.No entendido como resignarse al ambiente, sino como desarrollar la capacidad de reconfigurarse conscientemente frente al cambio sin perder autonomía, identidad ni humanidad.

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Eso comprendería aprender a aprender, pero también aprender a desaprender, reaprender, transferir conocimientos entre situaciones distintas, reconocer cuándo una competencia quedó obsoleta, convivir con tecnologías nuevas, proteger la atención, cuestionar las respuestas de las máquinas y reconstruir periódicamente la propia actividad profesional y personal.

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Y aquí veo una diferencia interesante respecto de Gardner.

Gardner nos invita a pensar en determinadas mentes para el futuro. Nosotros podríamos preguntarnos algo ligeramente distinto:

¿Cómo educamos una mente capaz de seguir transformándose durante toda la vida, precisamente porque desconocemos qué futuro tendrá que enfrentar?

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Esto nos lleva nuevamente al siglo XXII

El niño que educamos hoy no necesita únicamente competencias para 2035 o 2040.

Necesita desarrollar una esructura mental adaptable. Porque posiblemente tendrá que reinventarse muchas veces.Y quizá esto nos permita refinar aquella expresión que usted introdujo anteriormente sobre los “nuevos instintos”.

Antes hablé de nuevos instintos, pero son Instintos aprendidos de adaptación.

No serían instintos en el sentido biológico estricto. Serían patrones cognitivos, emocionales y conductuales deliberadamente cultivados por la educación, suficientemente interiorizados para convertirse casi en respuestas naturales ante el cambio. Esto nos lleva a las siguientes expresiones:

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• Ante algo desconocido: explorar, no huir.

• Ante un conocimiento obsoleto: reaprender, no aferrarse.

• Ante una respuesta de la IA: interrogarla, no simplemente aceptarla.

• Ante la pérdida de una ocupación: reinventarse, no asumir que terminó la vida productiva.

• Ante abundancia informativa: discernir, seleccionar y profundizar.

• Ante tecnologías persuasivas: conservar autonomía.

• Y ante un futuro imprevisible: construir posibilidades.

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Esto podría convertirse en algo bastante más profundo que otra competencia dentro de una lista curricular. Podría ser uno de los principios antropológicos del Decálogo y del Nuevo Modelo Educativo : educar no para adaptar pasivamente al ser humano al futuro, sino para aumentar su capacidad de adaptación consciente, crítica y creadora frente a futuros que no podemos conocer anticipadamente.

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A este punto de mi reflexión ya no estamos discutiendo simplemente qué asignaturas eliminar, cuáles conservar o cuánto contenido reducir. Estamos preguntándonos algo anterior al currículo: Si el cerebro humano puede adaptarse a ambientes nuevos, ¿qué ambiente educativo debemos construir para provocar deliberadamente las adaptaciones cognitivas, emocionales y sociales que necesitará el ser humano del futuro?

Ese cambio de pregunta me parece decisivo.

Seguirá la otra semana el artículo segundo sobre este tema.

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