Artículo 3 de 3 : El contenido sugerido a incluir en la mochila .
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Lorenzo Guadamuz Sandoval, Ph.D.
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En el artículo 1 DE 3 ,PUBLICADO el 15 agosto 2026 reflexionamos sobre la necesidad de un Nuevo Modelo Educativo.
En el artículo 2 de 3 publicado el 22 agosto mencionamos la necesidad de estudiar los Escenarios de Futuro.
En este tercer artículo desarrollaremos la reflexión sobre el “contenido educativo de la Mochila”·
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1- LA MOCHILA PARA EL FUTURO. ENSEÑAR A VIVIR Y SOBREVIVIR.
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Imaginemos por un momento que un joven termina su educación y le entregamos simbólicamente una mochila para atravesar futuros que ninguno de nosotros conoce. ¿Qué debería llevar dentro?:
Saber leer y comprender profundamente. Saber expresarse. Saber preguntar. Saber razonar. Saber utilizar las matemáticas esenciales. Comprender cómo funciona la ciencia. Saber buscar y evaluar evidencias. Saber aprender autónomamente. Saber desaprender y reaprender. Saber crear. Saber resolver problemas nuevos. Saber trabajar con otros. Saber utilizar tecnología e IA sin depender intelectualmente de ellas. Tener valores. Tener criterio. Conocerse. Perseverar. Saber recuperarse del fracaso. Sentir curiosidad. Tener iniciativa. Y no temerle a aquello que todavía no conoce.
Pero debemos prepararlo . No sólo “defenderse” del futuro: construirlo. Asumir retos, oportunidades y desafíos. Eso evita que nuestra concepción del futuro sea defensiva . El futuro incierto no solamente traerá amenazas. Traerá posibilidades extraordinarias. Por ello agregaría al equipaje: la capacidad de reconocer oportunidades donde otros solamente perciben cambios.
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El propósito de la educación no debería ser simplemente formar personas capaces de adaptarse al futuro que les toque vivir. Porque eso convertiría al estudiante en receptor del futuro. Nuestra aspiración debería ser mayor: Formar seres humanos capaces de comprender los futuros que emergen, desenvolverse autónoma y éticamente en ellos y participar creativamente en la construcción de los futuros que consideran deseables. Debemos ir desde una educación para la adaptación hacia una educación para la construcción de futuro.
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Y esto nos lleva a la necesidad de desarrollar la capacidad prospectiva. No enseñar a los estudiantes a adivinar el futuro, sino enseñarles desde jóvenes a preguntarse: ¿qué está cambiando?, ¿qué podría ocurrir?, ¿qué consecuencias tendría?, ¿qué alternativas existen?, ¿qué futuro queremos y qué podemos hacer hoy para acercarnos a él?
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Ese podría ser un componente profundamente innovador del Nuevo Modelo Educativo que necesitamos construir. El calentamiento global, los terremotos, las inundaciones, la falta de agua potable, la falta de trabajo, la carencia de alimentos, la falta de recursos, la inseguridad ciudadana creciente, obligará al Ser humano a desarrollar una habilidad para sobrevivir y estar preparado para fenómenos naturales no previsibles. Ese será un escenario de Futuro.
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Estamos previendo que nuestros niños, jóvenes y adultos tendrán que vivir en condiciones de disrupción, escasez e incertidumbre material. Por ello también debemos educar a sobrevivir.
Un posible escenario de futuro sea : sociedades sometidas a disrupciones y escasez. Las próximas generaciones podrían enfrentar con mayor frecuencia y severidad combinaciones de fenómenos climáticos extremos, terremotos, inundaciones, incendios, escasez de agua potable y alimentos, interrupciones energéticas, desplazamientos poblacionales, desempleo derivado de transformaciones tecnológicas y productivas, inseguridad ciudadana y limitaciones temporales o prolongadas de recursos esenciales.
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Algunos acontecimientos serán previsibles parcialmente; otros irrumpirán inesperadamente. La educación deberá preparar a las personas no solamente para desenvolverse durante períodos de normalidad, sino también para actuar racional, solidaria y autónomamente cuando las condiciones normales dejan de existir.
Y esto tiene consecuencias educativas enormes.
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¿Qué debería llevar nuestro estudiante en la “mochila” para este escenario? No bastaría con saber qué es un terremoto, estudiar el ciclo del agua o conocer conceptualmente el cambio climático.
Tendría que saber actuar. Saber obtener y administrar agua en una emergencia; comprender principios elementales de higiene y saneamiento; saber qué hacer antes, durante y después de determinados desastres; conocer primeros auxilios básicos; administrar recursos escasos; orientarse y comunicarse cuando fallen sistemas habituales; evaluar riesgos; colaborar para resolver problemas comunitarios; reconocer información confiable durante una emergencia; improvisar soluciones utilizando los recursos disponibles.
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Y además necesitaría capacidades económicas y productivas: saber administrar recursos personales, desarrollar habilidades prácticas, aprender rápidamente un nuevo oficio o actividad y generar alternativas cuando desaparezca una fuente tradicional de ingreso.
Y nos falta el Saber hacer. Durante mucho tiempo la educación académica otorgó una jerarquía enorme al saber y una consideración menor al saber hacer. En los escenarios que estamos imaginando, esa separación puede resultar peligrosa. Una persona muy educada debería ser capaz de comprender intelectualmente un problema, pero también de hacer cosas concretas para enfrentarlo.
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Esto podría devolver la dignidad curricular a conocimientos prácticos que progresivamente fueron desplazados de muchas escuelas: construir, reparar, cultivar, cocinar, administrar recursos, utilizar herramientas, prestar primeros auxilios, resolver problemas técnicos elementales.
No para regresar nostálgicamente a la educación del pasado. Todo lo contrario. Podríamos estar descubriendo una nueva alfabetización: la alfabetización para la vida.
Así como consideramos indispensable que todos sepan leer y escribir, quizá la educación futura deberá considerar indispensables determinadas capacidades para cuidarse, cuidar a otros y desenvolverse autónomamente frente a situaciones adversas.
Pero debemos separar la supervivencia individual de la supervivencia colectiva.
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Ante una catástrofe, la persona aislada tiene capacidades limitadas. Las comunidades sobreviven también porque cooperan. Por ello, la educación para enfrentar estos escenarios no debería transmitir la idea de: “Sálvese usted mismo.” Sino algo mucho más humano: “Aprenda a protegerse, a proteger a otros y a reconstruir con otros”. Entonces solidaridad, liderazgo, organización comunitaria, comunicación, confianza y cooperación dejan de ser solamente “valores deseables”. Se convierten también en capacidades de supervivencia.
Y el segundo nos permite formular una pregunta muy incómoda para la educación tradicional:
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¿Puede considerarse verdaderamente “educada” una persona que conoce una enorme cantidad de contenidos escolares pero que, ante una situación real de emergencia, no sabe cómo protegerse, ayudar a otra persona, administrar recursos escasos ni resolver problemas elementales de la vida cotidiana? Creo que la respuesta tiene implicaciones enormes para un futuro currículo.
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2- PREPARAR PARA UN MUNDO DIFERENTE.
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Hasta ahora, implícitamente, diseñamos la educación casi exclusivamente para un mundo funcionando normalmente. Nuestro Nuevo Modelo podría preparar al ser humano para:
NORMALIDAD → DISRUPCIÓN → RECONSTRUCCIÓN
En la normalidad, aprender, crear, trabajar y convivir.
En la disrupción, proteger la vida, mantener el juicio, administrar recursos, adaptarse y cooperar.
En la reconstrucción, aprender de lo ocurrido, reorganizarse, recuperar medios de vida y construir soluciones mejores.
Toda persona debería terminar su educación con un nivel básico de autonomía para la vida: capacidad para comprender riesgos, enfrentar emergencias, cuidar de sí y de otros, administrar recursos esenciales, resolver problemas prácticos y participar solidariamente en la recuperación de su comunidad.
La construcción de un nuevo modelo educativo no debería partir exclusivamente de la pregunta tradicional acerca de qué conocimientos deben enseñarse, sino de una interrogante anterior y más profunda: ¿para qué clase de mundos estamos educando a las nuevas generaciones?
La dificultad consiste precisamente en que esos mundos no pueden conocerse anticipadamente. La incertidumbre no será una anomalía transitoria que desaparecerá cuando dispongamos de mejores pronósticos; probablemente constituirá una característica permanente de las sociedades futuras.
Por ello, más que hablar de la educación del futuro, convendría hablar de una educación para futuros múltiples, inciertos y permanentemente cambiantes.
No se trata de predecir exactamente cómo será el mundo de 2040, 2050 o más allá. Se trata de identificar escenarios plausibles, analizar los desafíos que podrían presentar a los seres humanos y construir un modelo educativo suficientemente flexible para preparar a las personas para desenvolverse en diferentes futuros, incluidos aquellos que hoy no podemos imaginar.
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3- EL EQUIPAJE ESENCIAL PARA ATRAVESAR FUTUROS DIFERENTES.
Si desconocemos cuál de estos escenarios predominará, la educación no puede pretender preparar al estudiante mediante la acumulación indefinida de contenidos.
Debe identificar aquello que tendrá valor transversalmente en muchos futuros posibles.
Ese «equipaje esencial» comprendería, al menos, seis grandes dimensiones.
Comprender
Leer con profundidad, interpretar, comunicarse, utilizar las matemáticas esenciales, comprender principios científicos y construir representaciones razonadas de la realidad.
Preguntar y descubrir
Sentir curiosidad, formular buenas preguntas, investigar, observar, buscar evidencias, experimentar, contrastar explicaciones y reconocer aquello que todavía no se sabe.
Crear y resolver
Razonar, imaginar alternativas, enfrentar problemas nuevos, diseñar soluciones, experimentar, equivocarse, corregir y volver a intentar. La educación debería desarrollar progresivamente el gusto por los desafíos, en lugar de formar personas que teman aquello cuya respuesta desconocen.
Aprender, desaprender y reaprender
Reconocer qué se sabe y qué no; identificar qué necesita aprenderse; localizar recursos y personas capaces de ayudar; utilizar tecnologías para aprender; evaluar el propio progreso y reconstruir conocimientos cuando hayan quedado obsoletos.
Vivir, convivir y actuar éticamente
Desarrollar valores, empatía, responsabilidad, honestidad, solidaridad, respeto, capacidad para colaborar, resolver conflictos, cuidar a otros y asumir las consecuencias de las propias decisiones.
Saber hacer, protegerse y reconstruirse
Poseer capacidades prácticas para desenvolverse en la vida real: cuidar de sí mismo y de otros, responder ante emergencias, administrar recursos, utilizar herramientas, resolver problemas cotidianos, adaptarse a condiciones adversas y participar en la recuperación de su comunidad.
La educación debería desarrollar personas capaces de comprender los cambios, identificar amenazas y oportunidades, anticipar consecuencias, imaginar alternativas y participar en la construcción de futuros deseables.
Por ello, la capacidad prospectiva debería formar parte del equipaje esencial: aprender a preguntarse qué está cambiando, qué podría ocurrir, cuáles serían sus consecuencias, qué alternativas existen y qué acciones presentes podrían contribuir a construir mejores futuros.
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4- PRINCIPIO PROVISIONAL DEL NUEVO MODELO EDUCATIVO
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De esta primera gran reflexión podemos definir un principio fundacional:
La educación para futuros inciertos deberá preparar integralmente a cada ser humano para comprender el mundo y sus transformaciones; aprender durante toda la vida; pensar autónoma y críticamente; crear y resolver problemas conocidos y desconocidos; utilizar inteligentemente la ciencia, la tecnología y la inteligencia artificial; convivir y actuar éticamente; afrontar adversidades y situaciones de disrupción; aprovechar oportunidades; protegerse y proteger a otros; reconstruirse ante la pérdida y participar activamente en la construcción de futuros más humanos, sostenibles y deseables.
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La pregunta fundamental deja de ser la tradicional «¿qué debe enseñar la escuela?» para convertirse en: ¿Qué necesita llevar consigo un ser humano para poder comprender, vivir, sobrevivir, aprender, crear, convivir, reconstruirse y contribuir a transformar positivamente cualquiera de los futuros que pueda encontrar?
Ya no podremos diseñar el currículo únicamente desde las disciplinas académicas. Tendremos que confrontar cada contenido escolar con una pregunta exigente: ¿qué aporta realmente al equipaje esencial de una persona que tendrá que desenvolverse durante toda su vida en esos escenarios? Qué debe permanecer en el currículo, qué debe reducirse, qué debe integrarse y qué nuevos aprendizajes deben incorporarse.
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NOTA. Disculpas por la extensión, pero estos temas los educadores no los encuentran con frecuencia. Guadamuz tiene años estudiando y escribiendo sobre la Educación del Futuro. Estos 3 artículos d sobre la Mochila Educativa para el futuro es una continuación de reflexiones, contemplando respuestas a posibles escenarios futuros
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SI USTED TUVIESE QUE PREPARAR UNA MOCHILA EDUCATIVA PARA SU HIJO PARA UN VIAJE AL 2040 ( faltan 14 años) o al 2050 (faltan 24 años) ¿Qué le incluiría para que sobreviva?. Suponga que su hijo tiene 7 años en el 2026 , tendría 21 en el 2040 y 31 años en el 2050.
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SI USTED TUVIESE QUE PREPARAR UNA MOCHILA EDUCATIVA PARA SU HIJO PARA UN VIAJE AL año 2040 ( faltan 14 AÑOS) O AL 2050 ( faltan 24 AÑOS) QUÉ LE INCLUIRÍA PARA QUE SOBREVIVA?. SUPONGA SU HIJO TIENE 7 AÑOS EN EL 2026. Tendría 21 en el 2040 O 31 AÑOS en el año 2050..