Drogas y Estudiantes - Educación Lorenzo Guadamuz

DROGAS Y ESTUDIANTES:

Costa Rica no parte de cero. El Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) realiza desde hace años encuestas nacionales sobre consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes de educación secundaria.

¿SABEMOS REALMENTE QUÉ ESTÁ PASANDO EN NUESTROS CENTROS EDUCATIVOS?

Del rumor a la evidencia; de la evidencia a la prevención; y de la prevención a la protección.

Lorenzo Guadamuz Sandoval, Ph.D.

Hace poco más de un año escribí en estas páginas de Facebook sobre violencia, pérdida de respeto y consumo de drogas en nuestros centros educativos. Hoy vuelvo al tema con una preocupación mayor, pero también con una convicción: un problema de esta gravedad no debe abordarse desde el rumor, el miedo o la generalización. Debemos conocerlo con evidencia, prevenirlo con inteligencia y enfrentarlo con una acción nacional coordinada.

Esta semana escuché en Radio Columbia, en el programa “A propósito”, una conversación con especialistas sobre consumo de sustancias, crimen organizado y prevención. El Tema bien analizado por dos expertos, entre ellos la Dra. Molina, me llevó nuevamente a preguntarme: ¿qué está ocurriendo realmente con nuestros estudiantes? ¿Qué sustancias están consumiendo? ¿A qué edades comienzan? ¿Dónde están los principales factores de riesgo? ¿Estamos detectando a tiempo los cambios que están ocurriendo?

1. HAY RAZONES OBJETIVAS PARA PREOCUPARNOS

Costa Rica no parte de cero. El Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) realiza desde hace años encuestas nacionales sobre consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes de educación secundaria. La más reciente es la VII Encuesta Nacional sobre consumo de sustancias psicoactivas entre personas estudiantes de Educación Secundaria 2024, publicada en agosto de 2025. Es una fuente que el país debe utilizar mucho más para orientar decisiones, prevención y políticas públicas.

La encuesta no estudia solamente alcohol, tabaco o drogas ilícitas. También incorpora percepción de riesgo, salud mental, involucramiento parental y otros factores relacionados con el consumo. Esto es importante porque nos recuerda que no estamos ante un problema exclusivamente policial ni exclusivamente educativo. Es también un problema de salud pública, familia, protección de la niñez y adolescencia, convivencia y seguridad.

Un dato de la encuesta 2024 merece especial atención: entre los estudiantes clasificados con alto involucramiento parental, el consumo activo de bebidas alcohólicas fue de 17,4%; entre quienes presentaban involucramiento parental medio fue de 26,0%, y entre quienes tenían bajo involucramiento parental alcanzó 29,6%. En cannabis, los porcentajes respectivos fueron 2,4%, 5,0% y 7,5%. La asociación no significa que la familia explique por sí sola el consumo, pero sí muestra que el acompañamiento parental es una dimensión que no podemos ignorar.

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2. NO CONVIRTAMOS LOS RUMORES EN HECHOS: INVESTIGUEMOS.

Educadores de distintas partes del país comentan, algunas veces con temor y prudencia, que observan situaciones preocupantes relacionadas con drogas alrededor de los centros educativos y, eventualmente, dentro de ellos. También circulan afirmaciones sobre consumo entre personas adultas vinculadas al sistema. Precisamente porque estas versiones son graves, no debemos repetirlas como hechos sin comprobarlas. Debemos investigarlas.

El primer deber del Ministerio de Educación Pública no es adivinar la magnitud del problema: es contribuir a conocerla. Costa Rica necesita información actualizada que permita distinguir entre percepción, casos aislados, tendencias territoriales y fenómenos de mayor alcance. Necesitamos saber qué ocurre, dónde ocurre, con cuáles sustancias, en cuáles edades y bajo cuáles condiciones.

Por eso propongo que el MEP y el IAFA fortalezcan un Sistema Permanente de Alerta Temprana sobre Sustancias Psicoactivas en el entorno educativo, articulado con el Ministerio de Salud, PANI, OIJ y las autoridades policiales correspondientes, universidades y gobiernos locales. Las encuestas nacionales periódicas deben complementarse con mecanismos rigurosos, confidenciales y técnicamente válidos de detección de nuevas tendencias y factores de riesgo.

3. PREVENIR NO ES SOLAMENTE DAR CHARLAS.

Durante décadas hemos asociado la prevención con campañas, afiches, conferencias o mensajes que dicen a los jóvenes que las drogas son peligrosas. Todo eso puede ayudar, pero ya no es suficiente. La prevención moderna debe comenzar antes del consumo, fortalecer habilidades para la vida, salud mental, capacidad de decisión, vínculos familiares, convivencia escolar y redes de apoyo.

Los centros educativos necesitan protocolos claros para detectar señales de riesgo y rutas rápidas de referencia hacia los servicios especializados. Orientadores, docentes y directores deben saber qué hacer cuando sospechan que un estudiante está consumiendo, cuando aparece una nueva sustancia o cuando existe riesgo de distribución o reclutamiento.

Y debemos hacer una distinción esencial: el estudiante que consume una sustancia necesita protección, orientación, atención y, cuando corresponda, tratamiento. No debe ser tratado automáticamente como delincuente. Muy distinta es la situación de quienes venden, distribuyen, reclutan menores o utilizan el entorno escolar para actividades criminales: allí corresponde la investigación y la aplicación firme de la ley.

4. PADRES Y FAMILIAS: NO PODEMOS DELEGAR TODA LA RESPONSABILIDAD.

Sería injusto exigirle al MEP que resuelva por sí solo un fenómeno que se origina y desarrolla en múltiples espacios de la sociedad. Los padres y encargados tenemos también una responsabilidad insustituible. Debemos saber con quiénes están nuestros hijos, conversar con ellos, observar cambios significativos de comportamiento, conocer sus entornos y, sobre todo, construir la confianza necesaria para que puedan pedir ayuda antes de que una situación se agrave.

La propia evidencia del IAFA refuerza la importancia del involucramiento parental. No se trata de convertir el hogar en un puesto policial ni cada conversación en un interrogatorio. Se trata de presencia, comunicación, límites, afecto y acompañamiento.

5. UNA RESPUESTA NACIONAL: CONOCER, PREVENIR, DETECTAR, ATENDER Y PROTEGER.

Sugiero que Costa Rica construya un gran acuerdo nacional de protección de niños y adolescentes frente al consumo y la comercialización de drogas, organizado alrededor de cinco acciones: i- conocer científicamente la magnitud y evolución del problema; ii- prevenir desde edades tempranas; iii- detectar oportunamente situaciones de riesgo; iv- atender a quienes necesitan ayuda; y v- proteger a nuestros estudiantes frente a las redes que intenten vender, distribuir o reclutar en los entornos educativos.

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Esto requiere al MEP, pero también al IAFA, Ministerio de Salud, PANI, OIJ, cuerpos policiales, universidades, gobiernos locales, organizaciones comunitarias, medios de comunicación y, de manera central, a las familias.

No propongo sembrar miedo. Tampoco propongo minimizar el problema. Propongo algo más difícil y más responsable: conocer la verdad.

Si el problema es menor de lo que algunos tememos, la investigación nos lo dirá. Si es mayor, también debemos saberlo. Lo que no podemos permitir es que dentro de algunos años descubramos que tuvimos las señales frente a nosotros y no actuamos.

EL FUTURO ES AHORA.

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Pasemos del rumor a la evidencia; de la evidencia a la prevención; de la prevención a la atención; y de la atención a la protección de nuestra niñez y adolescencia.

MEP, invirtamos lo que sea necesario en conocer la realidad, en prever los problemas y en aplicar-si necesario- medidas correctivas.

Fuentes consultadas

• Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA). VII Encuesta Nacional sobre consumo de sustancias psicoactivas entre personas estudiantes de Educación Secundaria 2024. Publicada el 14 de agosto de 2025.

• IAFA. Encuesta en Población de Educación Secundaria (serie de encuestas nacionales).

• IAFA. “Salud mental es determinante en el desempeño académico de estudios»

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